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martes, 18 de mayo de 2010

POR MIS CAMINOS INTERNOS

Este no será un diario muy descriptivo, no tendrá datos sobre excursiones, horarios de salida, de llegada, direcciones de hoteles ni nada de esas cosas. Creo en los viajes de todo tipo, reales, imaginarios, internos, de muchos kilómetros... y éste es precisamente un viaje hacia adentro, hacia el pasado y el futuro al mismo tiempo; pero más que nada un viaje hacia lo impensado, hacia la idea de que cualquier cosa puede ser posible si estamos preparados y dispuestos, si confiamos en la casualidad y en el destino.

Un número cada vez mayor de coincidencias

Los viajes no empiezan en el momento en que partimos con la mochila llena en un taxi hacia la Terminal. Comienzan en cualquier momento, cuando un detalle, una revelación, empieza a trabajar en nosotros y esa idea prende en nuestras ilusiones.

La Novena Revelación, un libro de tapa verde, escritor yanquee, literatura metafísica o new age o guiso de filosofía, psicología y posibilidades de evolución del ser humano. Escritura sencilla, directa, un aire a la Colección "Elige tu propia aventura", vive tu mismo la acción emocionante y de paso aprendes muchas cosas, jajajajjaaj, algo de eso.

La historia: un tipo, un yanquee que de repente encuentra a una amiga que le comenta que acaba de llegar del Perú, y que justo ahí están apareciendo manuscritos que contienen Revelaciones, son nueve en total, que hablan sobre la evolución espiritual del hombre. El tipo deja a su amiga y por una serie de coincidencias decide volar a Perú para ver de cerca esos descubrimientos.

Al leerlo deseé ser el tipo que tomaba ese avión y ahí comenzó mi viaje. Hace más de 10 años de eso.

El libro habla de las coincidencias, éstas no son sino causalidades, al hacernos conscientes de ellas, empiezan a señalarnos un camino.

En abril o mayo del 2007 comienzo a planear mi viaje a Perú.
Pasan cosas, voy a un Seminario sobre Pensamiento Cuántico (qué es eso??? Ni yo misma sé bien que es todavía, jajjajajaj) Se producen muchas revelaciones y La Novena Revelación vuelve hacia mí desde La Plata después de mucho tiempo de haberla leído.

Y es simplemente eso, empiezo a ver las casualidades, todos los días pasa algo que me habla y dice sobre Perú, libros, gente, televisión, imagénes.

Y empiezo a amasar este viaje.

Bolivia también existe

Comienzo a mirar mapas, calcular distancias, hacerme de repente en esos rincones del planeta. ¿Para llegar a Perú hay que pasar por Bolivia? Por supuesto... a menos que salga volando de Argentina y para volar todavía no soy pájaro...

Y me doy cuenta que Bolivia está ahí... empiezo a considerar Potosí, Sucre, me entero que hay un Salar y ohhh el Titicaca!!!! El lago más alto del mundo y una "Isla del Sol"!!!!! Qué emoción!!!! Sí, definitivamente también Bolivia.....

Iván

Y mirando el diario una mañana veo a Evo con la bandera boliviana por detrás y ese colorido me recuerda a Iván, compañero de la secundaria, llamado cariñosamente "el Bolita" (somos bravos los argentinos eh?? Jajaja) amigo muy querido de "los más" por mí en esa época y de quien he perdido el rastro hace por lo menos 12 años. Tengo que verlo, encontrarlo y visitarlo en Bolivia, se vuelve urgente, imperativo hacerlo.

Busco en Internet varios días, Iván Zúñiga, pruebo de varias formas, pongo médico, miro en ciudades, nada. Pienso en encontrar a su madre, no me acuerdo bien su dirección, pienso en otros compañeros, alguna forma habrá... Cuando de repente y sin buscarlo se me viene a la cabeza su segundo apellido: Iván Zúñiga Moscoso.

Y ahí está... aparece su nombre, se materializa, vuelve a ser alguien real y contundente para mí. Le escribo, me responde, ambos maravillados por el prodigio, por lo impensado. Voy a Bolivia... Qué bien Gina (así me decía) acá te espero... estoy con mi familia en Santa Cruz de la Sierra.

Y así un poco mareada, sorprendida, me dí cuenta que el viaje se estaba organizando sólo, las coincidencias me llevaban y yo debía dejarme llevar.

Saliendo de Sucre

La partida de Sucre no fue sencilla, no una más. Ahí me separaba de Marcela, mi compañera de viaje desde Tucumán, a partir de ahora seguiría sola. Una sesión de depilación que fue un fiasco, mis piernas ya no aguantaban, jajaja, Iván me dijo, acá hace mucho calor, hay piletas, traete malla. La odisea de encontrar en Sucre alguien que utilizara cera, jajajja, y cuando lo hago me entero que la encargada hacía como tres años que no la trabajaba. Entré en pánico... el colectivo salía a las 5 30 de la tarde y ya me veía perdiéndolo por una... depilación!!!!! Agarré el palillo y empecé a trabajar a 8 manos, Jimena me miraba entre divertida y avergonzaba y me dejaba hacer.

A la hora señalada tomé el micro de la Empresa Trans Copacabana por 50 bolivianos a Santa Cruz de la Sierra. Un viaje largo y pesado, la gente durmiendo en el piso, la otra gente intentando no pisarlos, algún gritito de repente, el contacto con el calor, lo tórrido de la cercanía con la selva. En los colectivos no hay baños, pero ahora parábamos en el medio de la ruta y bajábamos ante el grito del chofer: A DESAGUAR!!!! (jajaaja y.... si no queda otra...) y cada uno a improvisar su propio bañito.

Llegando a Santa Cruz

Llegamos a la mañana temprano y ví las palmas, la profusión de verdes, las casitas más coloridas de los barrios alejados, el calor y la humedad y me sorprendió nuevamente el cambio repentino de paisaje, casi brusco, que comprendí se dá en estos países de los Andes, la costa, el desierto, la sierra, la selva.... De un momento al otro, otro mundo.

De la Terminal un taxi excesivamente caro 10 bolivianos (cuando en Sucre o Potosí pedían 3 o 4) me llevó al Hostel "Jodanga" ubicado en el Barrio de los Choferes y a dos cuadras del Parque Urbano. En el camino, el chofer me explico que la ciudad está organizada a partir de anillos que se disponen alrededor de la parte central.

El Hostel era otra cosa, nada que ver con los que habia visto hasta ahora, el más caro, 50 bolivianos (mi viaje fue muuuuuy gasolero) tenía pileta, desayunador, varias salas, una cocina impecable, un desayuno con tooooodo (que no tenía???) y gente que no hablaba castellano. Esa fue mi decepción primera... sentada desayunando, los grupos conversaban, inglés, francés, holandés y yo sola como loco malo, tratando de captar alguna palabrita al vuelo, de que alguien me viera ahí, jajajajjaa.
Llamé al celular de Iván, nada, varias veces. Era domingo, el teléfono del trabajo no iba.

Bueno, me voy al centro a recorrer un poco. Llegué caminando cerca del mediodía, todos los negocios cerrados (ley de la selva... de los grados centígrados???)
Compré empanadas y gaseosa comí en un banco de la plaza. Intenté de nuevo con el celular, nada.
Me voy al hotel, a la pileta, dije... no me quiero transformar en plástico derretido.

Un alambre de púa, un amigo perdido y palabras que no entiendo


Por qué Santa Cruz se parece tanto a un laberinto??? Camino, sofocada, en una de esas veo algo así como un restaurant estilo oriental, magnífico, muy llamativo, cámara de fotos, quiero una mejor toma!! Me voy hacia atrás, un jardín pequeño en una esquina... salgo bruscamente y me clavo completito un alambre de púa en el pié, ayyyy, quedé clavada en esta esquina, yo no me lo saco... quedaré aquí para siempre.... En esas veo un hombre que cruza la calle y viene hacia mi, atrapada, inmovilizada, ohhhh. Es mi ángel salvador, se las ingenia para sacar todas las puntas, le agradezco enormemente, no sé que hubiera hecho sin él y salgo como si nada hubiera pasado.

Pero que valiente ni que nada, empiezo a marearme cada media cuadra y tengo que tirarme al piso, me siento de lo peor, quien me mandó a hacer este viaje... digo yo!!!! Calor, mi pie inutilizado, mi amigo perdido, tratando de encontrar el hotel en ese laberinto... por que la vida es tan mala conmigo??? Jajajjaja fue horrible...

Todo se encarrila

Encuentro por fín el Hostel, en la pileta a un vasco para practicar al fin el castellano, me hago amiga de un yanquee y un francés, una cerveza con la comida y la vida no es tan terrible después de todo.
Al otro día recibo mensaje de Iván, me pasa a buscar para ir a almorzar a su casa. Lluviosísimo el tiempo en Santa Cruz, cuestión que no hice ninguna excursión hacia la selva.

Iván me saluda bajo un paraguas, nos reconocemos, sonreímos después de tanto tiempo. Buscamos a su hijo Nico en la escuela, almorzamos un guiso riquísimo, hablamos de los tiempos pasados, los amigos, de arte, del viaje, de su trabajo, vemos dormir a Huguito el más chiquito, hablamos con su mujer Giovanna que ha viajado a Tarija por trabajo, y así se hace real algo increíble, algo impensado.

Es él mismo, la misma sonrisa, la mirada pícara, pero también es otro, médico, padre, se nota más serio. Ahora estoy yo en sus tierras, me siento de la misma forma en que el se sintió seguramente al llegar a mi país, a mi ciudad. Y ahora creo en la magia.

Cuando planeé venir tenía muchos programas en este lugar: pensé en el Che, la Chiquitanía, las Misiones Jesuíticas, Samaipata y otros tantos lugares que están cerca, pero me dí cuenta que hay veces que conviene dejarse llevar, la lluvia constante, los incidentes ahora pequeños, la prioridad: ver a mi amigo... paseé muy poco por la ciudad, me pareció demasiado occidental, desparramada, mucho tráfico, calles de circunvalación, un calor y humedad constantes... me hubiera gustado salir de la ciudad, ver otros lugares, meterme en la selva, pero no era el momento evidentemente. Ya habrá tiempo para volver.

El viaje a Santa Cruz fue de otro tipo, debía encontrarme, con el pasado, con el presente, con la magia y con la idea cada vez más presente de que todo es posible.

Y de Santa Cruz volando a Cusco!!!!!... porque sus piedras me llamaron.

miércoles, 12 de mayo de 2010

ECLIPSE EN EL SALAR DE UYUNI

Creo que con mi descripción, hecha en base a cadenas de descripciones de otros, convencí a Marcela de hacer la excursión por el salar. Llegamos en el tren desde Tupiza muy tarde, cerca de la una de la mañana y sentimos el frío que hasta ahora nos era prácticamente desconocido. Buscamos el Hostel Marith, algo alejado de la estación, entrada con techo de paja, una empleada que nos atendió bostezando y muchas habitaciones alrededor de un gran patio. Sabíamos que no íbamos a dormir mucho; a eso de las 8 30 había que decidirse por una agencia para el tour. Imaginamos que iba a ser más difícil, pero las agencias estaban una al lado de la otra por la avenida principal y los empleados salían a buscarnos a la calle. Marcela quería regatear, a mi no me gusta demasiado o no me sale. Al final, como debían completar una camioneta, y Marcela se salió con la suya, nos ahorramos 10 dólares.

Había como dos horas hasta que la excursión partiera, así que buscamos un lugar para desayunar lejos de la avenida tan concurrida y así es que llegamos a Maná del Cielo, donde Miriam Paniagua elabora su comida a la vista de todos. Muy rico lo que comimos por 5 bolivianos y además muy simpática su propietaria. Nos pidió que volviéramos.

En el exterior de la agencia Olivos y también sentados en el interior esperaban japoneses, finlandeses, yankees, franceses y suecos. ¿Con quién nos tocará? Al final la cuestión del idioma y la comunicación termina siendo más importante que el paisaje. Listo, llegó la camioneta, nos subimos junto con dos chicas canadienses y para nuestra sorpresa una pareja de argentinos.

Suban. Valerie. Andreanne. Silvina. Memo. Marcela. Daniela. Ovidio, el chofer. Muchas cajas y bolsas de provisiones. Y al salar.

Tanta luz enceguece

Cuando comenzamos a rodar por el salar entendí el porque de su magnetismo; no es sólo una gran extensión blanca de sequedad; es un territorio mentalmente ilimitado, casi del dominio de la fantasía, un enorme papel en blanco donde todos nosotros estábamos dibujados. Estamos moviéndonos por la nada, o por el todo!!! Saquen los anteojos negros!!!

Postales blancas

Navegamos por el salar. Hay diez centímetros de agua sobre la sal. Las montañas y el cielo se reflejan sobre la superficie. La camioneta se transformó en un barco. Ovidio es el capitán.

Dos tumbas que asoman del agua. Relato de Ovidio. Familia murió congelada en medio del desierto. En medio de la nada. Horror. Y belleza. Un camino se levanta sobre el agua.

Juntamos sal en una bolsa. Del Salar de Uyuni. Para el asado. Cuando la vea mi papá. Se roban la sal de Uyuni!!!.

Un grupo de suecos con ponchos, guantes y gorros coyas. Fotos. Fuman demasiado.

Una isla de cactus gigantes en el medio del blanco. Muchos cactus. Superpoblación de espinas. Recorrido rocoso. Almuerzo al pie de la isla. Isla del Pescado. Los cactus y los pescados tienen espinas.
Ovidio nos eclipsó

La música hace a la situación y esta era una situación muy especial. Silvina y Memo quisieron escuchar Manu Chao. Perfecto. Recorriendo el salar y con esta música. Escuchamos varios discos y la pareja le propuso a Ovidio que pusiera su música. ¿Les gusta la cumbia boliviana? Dale Ovidio!!! Metele nomás!!! Primero con extrañeza y después moviendo un poco las caderas en el asiento, pasamos todo el resto del viaje escuchando el mismo disco. O mejor dicho la misma canción. Hubo una que bailamos con Marcela en una parada de descanso y le dijimos a Ovidio que nos gustaba. Nuestro chofer lo tomó muy en serio y cuando la canción terminaba se las arreglaba para que esta volviera a empezar, todo el tiempo, una y otra vez. Memo dijo que esa canción era la que le daba energía para seguir manejando. Creo que si alguna vez vuelvo a escuchar esa canción del grupo Eclipse voy a aparecer rodando por el medio del salar con Ovidio al volante impulsado por ese ritmo simple y contagioso:

"...tengo a mi padre,
tengo a mi madre,
negrita..."


Memo dijo: Ovidio, sos el mánager de Eclipse!! Ahora vas a sacar los cds y nos vas a vender uno a cada uno!!

Postales de color

Hotel de sal. Cervezas. Café con leche. Duchas, por favor. Velas. Sólo dos horas de luz. Vamos a dormir. No veo nada!!!. Sal en los pies.

Andreanne y Valerie. Canadienses. Se abrigan lo más que pueden y salen a pasear por los alrededores del albergue. Como dos boy scouts. Las miramos desde adentro.

Ovidio, tengo que ir al baño. Acá no hay baño. Bueno, una piedra grande, entonces. Ahí hay una!!! Vamos!!!.

Cruzamos llamas y vicuñas. Cada vez que las vé Valerie dice: hola!!! (muy agudo, bajo y cortito) En Canadá hay bambys. ¿Cuáles son más lindos? ¿Los bambys o las vicuñas?

Fumamos afuera del hotel con Memo. Hace mucho frío. Quisiera poder contar todas las estrellas que veo. Silvina aparece con un Bon o Bon para cada uno. Vamos a dormir.
Cinco de la mañana. Géisers en la oscuridad. Bajen y saquen fotos. Cinco minutos. Asomamos la cabeza de la bolsa de dormir. Miramos desde la camioneta. Suecos fumando al lado del vapor.

Laguna Colorada. Intentos de teoría científica. No importa. Miren cuantos colores. Viento. Nos volamos. Sin este viento y con unas cervezas nadie nos mueve de acá.


Lagunas. Infinidad de flamencos. Blancos. Rosas. Están congelados. Rígidos. Parados en el agua. Memo: a estos los ponen a la mañana y los sacan a la noche.

Fotos. Yo saco paisajes. Valerie fotografía personas. Primeros planos. Gestos. Sos una fotógrafa. Le pido que me fotografíe con mis anteojos y el gorrito coya.

Último día

Estamos cansados. Hemos dormido pocas horas y pasado frío. Andado por caminos empinados y rocosos en una camioneta que parece una coctelera. Tres veces nos bajamos a empujarla porque se quedó. Nuestro humor no es el de los primeros días. Ovidio sigue manejando inmutable, ha trabajado durante tres días como chofer, guía y
cocinero. No entendemos como aguanta. Aquí se trabaja mucho y se cobra poco, dice resignado. Ha sido agotador, pero lo que vivimos no lo olvidaremos nunca, los paisajes, los colores, la inmensidad, las personas, se han grabado para siempre.

Nos despedimos como viejos amigos. Ovidio dice que se ha reído con nosotros. Se va contento y cansado. Al final nos confesó que en realidad se llama Porfidio Choque pero que le cambiaron el nombre en el servicio militar y lo terminó adoptando. Silvina y Memo se van a buscar hotel y quedamos en encontrarnos con las canadienses para comer más tarde. Valerie está descompuesta y solo viene Andreanne, vamos a lo de Miriam.

Volvieron... nos dice sonriente.
Sí, y trajimos a alguien más
.

Potosí Hermana Plateada

Potosí.
Dos palabras: plata y soroche.
Increíble la capacidad de síntesis que tenemos con un lugar o cosa desconocida.
Ahí estaba yo, decidiéndome por Bolivia y tomando en cuenta a esta ciudad, que con sólo nombrarla ya me sonaba a mitos, leyendas, magnificencia y esclavitud....
Desde que Diego Gualca descubriera las minas en 1545 y se fundara la ciudad de Potosí, Bolivia se convirtió en el mayor productor de plata del mundo.
De esta forma nació y se desarrolló esta ciudad, con el nada liviano designio de ser la Hermana Plateada.

Quique es un fotógrafo de Ushuaia y el primero en alentarme a viajar sola. Me dió muchísima información y apoyó mi iniciativa.
Al hablar de Potosí dijo: "ahí nos pegó el soroche o mal de altura... tomamos té de coca, compramos pastillas, pero no hubo caso, casi me echo para atrás y me vuelvo. Si te pasa seguí adelante."
Imaginé el soroche como una pequeña muerte en palabras de Quique...
Y en mi cabeza iba tomando forma Potosí...

Aterrizando

Llegamos con Marcela desde Uyuni a la tarde temprano, después de un viaje lluvioso, durmiendo a intervalos y con el cansancio letal del Salar.
Bajamos en la Terminal, alejada, una zona de muchos comercios, tráfico, paso, a primera vista bastante heavy. Había escuchado consejos sobre la seguridad en esta zona. Esa imagen me quedó en la cabeza.
Llegamos en taxi hasta el Hostel "La Casona", en calle Chuquisaca entre Tarija y Padilla, un lugar muy lindo pintado de mostaza, con un gran patio en el medio y las habitaciones alrededor, a 22 bolivianos el dormitorio.
El frío de Potosí se nos metió hondo, veníamos un poco debilitadas y la altura se hacía sentir.

Un episodio poco felíz


Bien es sabida la gran adicción al mate por parte de los argentinos y nosotras no éramos la excepción. InfelIzmente sólo teníamos yerba, habíamos buscado bombilla por cielo y tierra infructuosamente.
Entrando en el hostel veo que se acerca un muchacho con el equipo matero completo.
Ejercitando mi cara dura le digo: Argentino!!!! Nos vas a prestar el mate??
En su cara se pintó la duda. Marcela lo reconoció como uno de los suyos y comenzó el diálogo.
Jonathan era judío, pero venía de nuestro país donde había adoptado la costumbre.
Nos prestó y mateamos en la cocina.
A la mañana siguiente una cabeza exaltada asomando de entre las frazadas (la reconozco como la de Jonathan) grita señalando el termo: "la tapa?? la tapa?? dónde está la tapa??"
Marcela salta de la cama asustada y corriendo vuelve de la cocina con ella.

Fín de la historia, de nuestra amistad con Jonathan y del mate. Lo encontramos en Sucre y en Santa Cruz, pero la relación ya se había roto. No nos miró más, tampoco nos quiso hablar... tal vez consultando a un psicoanalista... jajajajaja
¿Será la yerba, la que provoca esas reacciones tan pasionales?
Me recordé junto a Marcela recorriendo y registrando todos los pabellones del albergue en el Salar de Uyuni para encontrar a ese grupo de argentinos que llevaban mate...
Si, creo que el mate provoca serias adicciones.

Potosí a primera vista


Salimos a caminar con Marcela.
Se siente el peso de la historia en sus calles.
Plaza principal, frío, gente sentada y el Monumento al Charango!!!.
Calles muy finitas, adoquinadas.
Coches estacionados en la calle y en la vereda, miti miti.
Nos sacamos fotos haciendo de autos.
Balcones volados, vigilando la calle.
Casitas coloniales muy coloridas.
Tráfico bastante caótico.
Nos acostumbramos a caminar mirando siempre hacia atrás.
Acá las calles son veredas y las veredas son calles.
Calle de Abogados, común en muchas ciudades bolivianas.
Negocios con carteles muy graciosos.
Una calle peatonal muy francesa.
Vista imponente del Sumaj Orco, hermosamente iluminado al atardecer.
El mercado con puestos chiquitos y amontonados.

Soroche: sopa versus guiso de lentejas


Les cuento que mi "soroche" (temido como una pequeña muerte) se redujo a un malestar estomacal y bastante cansancio físico, pero nada del otro mundo.
Pero para no abusar ni tentar compramos en el mercado una sopa de choclo y pan.
La única olla existente en el hostel estaba ocupada por un abundante guiso de lentejas, con todo lo que un guiso puede tener, que un grupo de tres vascos simpático, revolvían y revolvían.
Comimos cerca de las 11 de la noche, metiendo tristemente la cuchara en ese líquido amarillento y con el olor de ese guiso descomunal metido hasta los huesos.
Duda existencial: ¿los vascos tenían puesta la vacuna anti-soroche?

City tour y una guía estrella


Presentía que íbamos a estar poco tiempo en Potosí, el frío era intenso y el ligero malestar no invitaban.
Al otro día me decidí por el City Tour. Sabía que el descenso a las minas era la "vedette turística", algo que no podía faltar. Pero no quería ver algo que presentía triste, oscuro, asfixiante. Y tentar a mi claustrofobia??. De ninguna manera, trataba de pasarla lo mejor posible.
En el Hostel habían dejado una tarjeta de la Agencia "Cerro de Plata", y como Marcela no estaba en condiciones, me fui caminando sola, guiándome por el plano y llegué a la oficina de calle Bustillos 1066.
Mary sería la guía, pagué 50 bolivianos a la dueña y salimos caminando con Claudia, una turista mexicana.
Lo más práctico era hacer este tour en dos patas debido al caos vehicular que ya había comprobado.

Empezamos por la plaza principal. Nos detuvimos frente a una Estatua de la Libertad en versión reducida. Mary contó que era un regalo de los Estados Unidos hacia Potosí por haber enviado su metal precioso en beneficio de la independencia yanquee.
Señaló hacia enfrente y sobre un edificio, una gran corona en su parte superior. Esta vez el regalo era de la Madre Patria. La leyenda decía que si España era el rey, Potosí iba a ser la reina.
Que tan codiciada será esta mujer, reina, amante, para recibir estos presentes...
Hermana plateada, brillando intensamente, encegueciendo con su don, ostentando su tesoro divino en medio de los Andes.

No entramos en la Casa de la Moneda. Había gastos que debía obviar si quería llegar hasta Lima.
Si, vimos una de sus enormes chimeneas a través del patio de un edificio sl que Mary nos hizo entrar.

Mirando cuadros de los inicios Mary nos contaba como la ciudad se había organizado exclusivamente en torno a la extracción de la plata, los enormes piletones construídos para lavar el metal, los numerosos canales que atravesaban la ciudad para proveer el agua, la dura vida de los indígenas que trabajaban en las minas, soportando condiciones infrahumanas, matanzas y muertes indignas en contraposición a la vida de lujo, ostentación y derroche de los dueños, los españoles.



Vimos un cuadro donde la cabeza de la Virgen María aparece extrañamente incrustrada sobre la cima del Sumaj Orco. Inicios del Surrealismo en Bolivia?? No, la Gran Iglesia Católica ejerciendo su enorme poder de sugestión. Delirios, ambición, ansias, poder.

Mary contaba mientras pasábamos por las numerosas iglesias como todas las órdenes presurosamente se habían instalado al crearse Potosí.... Franciscanos, carmelitas, capuchinos, dominicos, jesuitas, no faltaba ninguna...

Y las iglesias y conventos eran magníficos, ya los había estudiado fascinada en Historia del Arte y ahora lo veía maravillada con mis propios ojos.
Fachadas monumentales, preciosistas, logradas como por arte de magia de la piedra. Abarrocamiento, influencias moriscas, el aporte americano sumado a ellas.
En la Iglesia de San Lorenzo vimos los símbolos de hibridización de la religión: las sirenas músicas, los ángeles arcabuceros, las cariátides locales.
Puertas enormes con impresionantes adornos en plata... de que si no??
Trabajo intenso y maravilloso de los indígenas... me costaba mucho imaginar de que forma lo hicieron, el tiempo que les demandó tanta belleza...

Mary era una "guía estrella", educada, suave, clara y explicativa. Caminaba mientras levantaba la mano saludando a cuanto transeunte cruzaba. Mucha, muchísima gente. Parecía una reina de belleza saludando a la multitud.
Era una profesora muy reconocida y hablaba como seis idiomas, además de ejercer como guía, nos contó algo avergonzada de responder a tanto saludo. El precio de la fama.

Potosí era plata, religión y también anécdotas mas risueñas, Mary se explayaba...

La Calle de la Pulmonía: Callecita muy estrecha donde nunca alumbraba el sol, ideal para enfermar.

La Calle de los Quitacalzones:
Calle en los límites de la ciudad española donde los hombres hacían de las suyas con las indígenas que pasaban infelizmente por ahí.

El Balcón de las 7 Víboras: Casa donde vivieron unas hermanas muy hermosas y malvadas, 7 obviamente, que cometían toda clase de tropelías hacia los pobres pretendientes entusiasmados.

Los balcones volados muy comunes en la época virreinal eran una forma honorable de ganar la calle, especialmente por la mujeres para las que estaba prácticamente vedada.

Mary abrió una puerta y entramos en una escuela. Enseguida nos vimos rodeadas por un millón de nenitos con púlover rojo que gritaban, se reían y se empujaban para salir en la foto. Nos contagiaron su alegría.

Luego abrió la de una casa y nos dijo que sacáramos fotos, se mantenía intacta, el tiempo no había pasado, el patio central con su fuente, las habitaciones. No entramos porque vive gente. Y era increíble eso.

Mary abría y cerraba puertas.

Terminamos la excursión en el límite de la ciudad, donde hay unas puertas en forma de arcos, que separaban la ciudad indígena de la española.
Que increíble es el límite. El humano impone límites, enmarca, encierra, el peligro afuera siempre, esa es la idea.
Se ven dos paisajes diferentes. Uno es en altura, colorido, tallas en piedra, maderas labrada, detalles de riqueza.
El otro es bajo, poco color, las casitas estan amontonadas, arriba abajo, las calles son irregulares.
Y ahí la veo sobresaliendo, blanca, excéntrica, alegre, morisca, de un blanco níveo.
Una aparición en medio del barrio pobre, el marginado, el olvidado.
Lamentablemente no recuerdo su nombre, entre tantos, y mi memoria débil... pero Mary dijo es la primera en admitir a los nativos, los indígenas en su nave... y eso no lo he podido olvidar, se me ha quedado grabado.
Primera iglesia de tantas que hay en Potosí que dió su lugar a los hacedores de belleza en piedra, a los que rescataban el metal precioso de las entrañas de la tierra.
Y en ese momento pienso que siempre se pueden romper los límites, esos que sólo existen en el territorio de la mente humana.

Volvemos caminando despacio, charlando de cualquier cosa, mirando los adornos de carnaval en las puertas de las casas de paredes coloridas.
Potosí me había impactado, demasiado talvez, era muy fuerte estar ahí, tantos años de historia, de lucha, calaron hondo en mí, pero ahora debía irme.

Nos despedimos afectuosamente. Vivimos 500 años en 3 horas.
Ya en el hostel decidimos con Marcela irnos a Sucre, la Hermana Blanca.
Un taxi que venía de allá nos levantó en la puerta y mientras andábamos por las callecitas y nos acercábamos a la zona de la Terminal, vi a lo lejos al grupo de suecos fumadores del Salar de Uyuni y los seguí con la mirada hasta que se perdieron entre la gente, ya sorprendida por esos cruces increíbles.

Adiós hermana plateada !!!
Tal vez nos veamos de nuevo algún día...

Y en un taxi que parecía descontrolado, me sentí dentro de un jueguito electrónico, descompuesta, pensando en las llanuras pampeanas, girando a lo loco, intuyendo precipicios, imaginando desbarrancos, mientras Marcela charlaba tranquilamente y el chofer miraba mi cara desfigurada por el espejo retrovisor y Marcela le explicaba y él se reía medio burlón y decía, claro ustedes no están acostumbrados y sonaba una cumbia de letra vulgar y la tarde caía y nos acercabamos a la blancura de Sucre...

Pero eso ya es parte de otra historia.

miércoles, 5 de mayo de 2010

¿DÓNDE ESTÁ EL VALLE DE LOS MACHOS?


Nuestra llegada a Tupiza fué absolutamente casual, o si puede decirse una serie de coincidencias del sincrodestino. Con Marcela nos encontramos en Tucumán ( las dos viajábamos solas) y ahí nos separamos con la promesa de encontrarnos en La Quiaca para cruzar a Bolivia.

Dos ángeles caídos

Al momento de sellar los pasaportes en la parte argentina, notamos que el problema estaba del lado boliviano: una larga cola que decía por lo menos dos horas de espera bajo el sol. Nos dispusimos a hacer la fila de mala gana, cuando de repente aparece Luisa Siriani, una suiza mitad francesa mitad italiana, que con simpatía y soltura se ofreció a preguntar si esa cola "era para nosotras". No sé como se las arregló pero al minuto estábamos en la oficina, saludadas atentamente y llenando nuestras boletas de viajero. El empleado dijo que Luisa parecía un ángel en la foto del pasaporte y le dimos la razón. Evitamos la larga cola, reconozco que no hicimos bien, eso fué trampa, pero perdíamos nuestro tren a Uyuni y al ver la oportunidad no lo pensamos demasiado. Cambiamos pesos a bolivianos, Marcela miró ropa y buscamos un lugar para comer. Sentadas en la agencia Imperio Inca, que hace también de resturant, Luisa dijo: yo voy para Tupiza... con Marcela nos miramos y dijimos por qué no? Vamos. Cuestión que a minutos de sacar el pasaje Luisa decidió que su tiempo no alcanzaba, debía ir directo a Uyuni. Nuestro ángel de pronto despareció junto con dos compatriotas y seguimos viaje solas con Marcela.

Tavesía altamente adrenalínica y stressante: curvas, subidas, bajadas, cosquillas en el estómago, muchos bocinazos , precipicios que cortaban la respiración... y yo en la delantera del micro, del lado de la ventanilla y con los ojos bien abiertos. Llegamos a Tupiza, mi cabeza parecía a punto de explotar, la mochila se hacía sentir sobre mi espalda... bueno, ya va a pasar... Empezamos a buscar hostel, no teniamos idea. En un negocio de comida a la calle le preguntamos a un chico con pinta de yanquee si sabía de alguno: "Renacer Chicheño" dijo. No entendimos demasiado la explicación pero seguimos después de agradecerle. Entramos en uno que nos pareció caro y en una especie de callejón vimos un cartel con una flecha que conducía a "Renacer..." Estabámos mirando la habitación, entusiasmadas por el precio cuando apareció el supuesto yanquee, finalmente lituano, sorprendido porque le habíamos ganado de mano. Cuando le preguntamos el nombre (esperando un amasijo de consonantes) se sonrió y dijo: Jesús. Que sorpresa. Parecía otro envíado del cielo.

¿Vamos al Valle de los Machos?

Jesús finalmente resultó ser nuestro compañero de habitación. A la mañana siguiente apareció con un paquete de facturas y la siguiente propuesta: ¿Vamos al Valle de los Machos? Risas y preguntas. ¿que habrá en ese famoso valle? Muchos hombres clavados en el suelo gritando al mismo tiempo: yo soy muy macho!!! Al mediodía fuimos a una feria que creimos artesanal (buscabámos bombilla) y resultó ser un mercado de ropa, cosméticos y artículos varios. Recorrimos. Y en la feria típica compramos para cocinar. A eso de las 2 emprendimos una visita a la "Feria de los Jueves" alejada del centro, donde los campesinos exponen y venden sus productos. Vimos cosas desconocidas, papas chiquitas y de colores y nos dieron a probar miel de caña en cachos. ¿Será muy temprano para ir al valle? pregunté. Vamos dijeron. No conseguimos agua chica por ningún lado, así que nuestro amigo cargo una de 5 litros en su mochila.


Mauricio, el dueño del hostel dijo que había que seguir las vías del tren hasta llegar a un camino perpendicular. Eso hicimos mientras sacabámos fotos y Marcela filmaba. ¿Iremos bien? no recuerdo quien preguntó. Y al ver a un hombre que pasaba en bici le consulté. Sigan por esa cortada. Nos metimos por un callejón con árboles y sombra. Seguimos hasta que pareció que el camino terminaba. ¿Y ahora? Allá a lo lejos apareció un galpón, camiones y gente. Empresa minera, tal vez. De nuevo pregunté (Marcela dice que lo hago excesivamente) Y seguimos por un camino allá arriba y por el que antes había pàsado un camión.

Sigzagueante, rocoso, con algunas grietas que debimos saltar bajar trepar, emprendimos la aventura. Pasamos por un basurero, olor muy feo, autos, zapatos de mujer, flores de plástico... Jesús sacaba fotos a la basura, indignado, no entendía como la gente no cuidaba este lugar. El sol castigaba nuestras espaldas, tomábamos mucha agua tratando de restar a los 5 litros. Abandonamos el botellón con la promesa de recuperarlo a la vuelta. Caminamos, caminamos, y en una curva, allá abajo vimos un cementerio de la zona. Jesús bajó por la pendiente, nosotras seguimos por el camino; más largo y fácil. Saqué fotos: me llaman la atención esos pequeños lugares de la muerte, con pocas tumbas, flores de plástico y muchos espacios esperando. ¿Por dónde seguimos ahora? De pronto una camioneta y un camino allá lejos. Corrimos. Preguntamos. Es acá nomás. Suban. Y al segundo nos estábamos tambaleando agarrados de las maderas mirando el paisaje que se arrojaba al vacío. Acá se bajan dijo una de las chicas... Son 5 bolivianos entre los tres dijo la mujer que iba adelante. Nos miramos estupefactos un rato y la camioneta se fué. Acá evidentemente el " a dedo " no existe...

Seguimos por el caminos que nos indicaron. Vimos un cartel que decía: "Cañón del Duende". Más adelante las montañas formaban una gran abertura: "La Puerta del Diablo". La traspasamos y agotados nos sentamos sobre una gran piedra; hicimos silencio, vimos un pequeño arroyito, realmente minúsculo y nos relajamos escuchando el sonido del agua entre las piedras. Jesús nos sacó fotos en la puerta del innombrable y decidimos que estábamos muy cansados para seguir hasta el Valle, 2 km. más arriba. Operación abortada. Estábamos deseperados por probar el pollito que por 9 bolivianos nos habían ofrecido en la avenida Araya. Volvamos. Jesús dijo: les tengo una propuesta ( ayyy Jesús y sus propuestas) cortemos camino por la montaña. No rotundo. Seguimos por el camino. Bueno, las espero en el cementerio. Bajamos despacio, haciendo chistes, sacando fotos, filmando. El cementerio vacío. Nos sentamos a descansar. ¿Qué se habrá hecho Jesús? Lo imaginamos perdido en las montañas, tratando de trepar o bajar por empinadas paredes, sin ayuda de ningún tipo. Gritamos su nombre a dúo, varias veces. Nada. Vamos, se está haciendo de noche, debe estar en el hostel ya bañado y recostado, y nosotras gritando como dos tontas. Llegamos a las vías, las seguimos (cosa que debimos hacer en un principio, y no hacerle caso al señor de la bici) vimos un minibús que estaba por partir y nos trepamos exhaustas.

En el hostel, lo dicho, Jesús ya estaba listo para ir por el pollo. Nos bañamos. Y con Joe, reciente compañero inglés fuimos al comedor de Esteban. Relajados, después de tremenda caminata, comimos y tomamos. Bueno, no tendremos "Valle de los Machos" pero si tenemos un "rico pajarito" (Joe).

Dieter y Betty


Como para terminar la noche buscamos un lugar donde tomar un trago, fuimos hasta la plaza principal, fumamos cigarrillos armados por Jesús y preguntamos adonde ir. Llegamos al bar de Dieter y Betty. Ambiente psicodélico de luces rojas y amarillas. Música boliviana. Rock&roll. Canciones de los años 60. Extraño cóctel. Miramos la carta largo rato. Nombres de tragos extraños. Yo fernet. Nos intercambiamos los tragos. Nadie quiso probar el fernet. Pantalla de televisión. Fútbol inglés. Discuto con Joe sobre Maradona. El famoso gol. Al final admite su maestría. Jesús le saca fotos a la carta de tragos. Se enamoró. De la carta. Marcela y yo nos sacamos fotos. Betty nos saca una foto a los cuatro. Más juntos dice. Jesús se guarda la carta en la mochila. Otro trago, otro trago... Nos vamos caminando despacio. A dormir. Nos siguen. Hace como cinco o seis cuadras que nos siguen. Señores, vengan por favor. Ha faltado una carta. Jesús abriendo la mochila. Devolviendo la carta. Como para cerrar la noche y no perder la costumbre. Un papelón.

¿Por qué me enamoré de Tupiza?


Tal vez porque llegué a ella por casualidad.

Porque fueron 4 días de tranquilidad en una pequeña ciudad completamente rodeada por montañas.

Porque tengo una deuda pendiente con ella: llegar al Valle de los Machos.